Volver a Tejer

¡Hola! ¿Qué tal?

¿Cómo va la cuarentena? Honestamente, he estado recluida en casa pero con la buena fortuna de poder trabajar a distancia. De todas maneras, consideré los horarios en los que no estoy trabajando y aproveché de volver a una de mis actividades favoritas: El tejido.

 

Les voy a contar una historia. Mi madre me enseñó a tejer cuando yo tenía entre 10 y 11 años. Sufría mucho bullying en el colegio y mi casa era mi refugio para poder hacer las cosas que me gustaban: dibujar, leer, escuchar mi música, etc. Un día le pregunté a mi mamá si sabía tejer y, cómo no, tomó un par de palillos, unos restos de lana y me enseñó. El tejido se transformó entonces en otro de mis pasatiempos para sobrellevar lo que me pasaba en el colegio. Me hacían matonaje por, entre otras cosas, ser una niña algo matea y con gustos considerados, para esa edad, de "nerds" (¿Y qué tiene de malo ser "nerd"? me preguntaba y me pregunto hasta ahora). Nunca le conté a nadie sobre mi nueva afición pues temía nuevamente ser blanco de las burlas de mis compañeros. Tampoco lo comenté a mis amigas más cercanas, quizás porque ya había internalizado el tejido como algo muy mío. Con los años el colegio se volvió tan demandante que lo único que podía hacer en mis ratos libres era estudiar y entregar trabajos. Pasaron aproximadamente 15 años y un día, presa de la nostalgia (Y por qué no decirlo, el aburrimiento jajaj) partí a un bazar a comprar una madeja y un par de palillos. Al principio compré restos de lana para volver a soltar la mano, giré los palillos para generar el primer punto y ¡Zas! lo sentí de nuevo.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash
Lo primero que hice fue ir a comprar más lana y más palillos de distintos tamaños. Si, las lanas vienen en distinta numeración de acuerdo al grosor y esto determina qué número de palillo (o crochet) es óptimo para tejer.

Mi primer proyecto fue un cintillo trenzado que ví en youtube. Sí, recurrí a nuestro portal favorito para recordar cómo hacer trenzas con volumen, puesto que sólo recordaba los puntos revés-derecho.


Escogí el color terracota puesto que, al ser mi primer proyecto en más de una década, quería usarlo con todos mis outfits ese invierno.

Tejer ha sido muy terapéutico y sin duda tiene varios beneficios, por ejemplo mejora considerablemente la capacidad de concentración y la motricidad. De hecho, existe una denominación llamada "Lanaterapia".

Con mis constantes cambios de casa perdí un accesorio que estimaba mucho: una boina roja. No era nada especial pero a mi me gustaba mucho y solía usarla bastante, por lo que, cuando me vi sin ella me dije "¿Y por qué no me hago una yo?" y bueno, no sabía tejer a crochet hasta que me decidí nuevamente. En la foto no se nota mucho, pero la lana roja tiene brillitos en el mismo tono. Le pedí a mi mamá que me enseñase el punto alto y me lancé. El primer intento fue terrible, no sabía contar los puntos ni cerrar las líneas, pero la tercera vez que lo intenté todo salió mejor, y eso es lo bonito de los proyectos hechos a mano: Ponen a prueba tu tolerancia a la frustración (Algo así como expectativa - realidad).



Otro de mis proyectos fue este cuello en tono amarillo ocre. Si, me gustan mucho las trenzas jajajaja.

Antes de entrar en cuarentena (Y quizás porque lo intuía) partí a comprar lanas. Hoy, mi proyecto es más ambicioso, pero una vez listo lo mostraré en el blog.



Y a ti, ¿Te gusta tejer? ¡Déjame tu experiencia en los comentarios! 
Un abrazo virtual para todos.

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